LOS CAMINITOS DE LAS HORMIGAS

La otra mañana lancé al cielo un grito tal, que desperté a las estrellas. Estaba furioso porque seguía sin haber noticias y ya iban siendo muchos días en esta situación. Salí a la calle y todo el poblado estaba en ruinas. La gente estaba muy enfadada conmigo, no se si por lo de las ruinas o por lo de las estrellas. Según dicen, si rompes el sueño de las estrellas les cambias sus biorritmos y duermen por la noche, cuando debería ser al contrario. Les dije que no se apuraran que me iba a la playa a pensar en una solución.

Bajé a la orilla del mar, me tumbé en la arena, con los oídos tapados para no escuchar los gruñidos siderales, y me puse a reflexionar sobre cómo salir de ésta. Estando concentrado observé que del mar surgía una mujer con un vestido azul y se dirigía hacia mi. Al llegar a mi posición levantó el brazo y señaló un pedrusco enorme que se encontraba a unos metros a mi izquierda. Le pregunté que quién era ella pero no hablaba, sólo apuntaba con su dedo. Como no se movía me acerqué mucho y llegué a percibir el olor a mar de su piel. Le mostré un filete de choto que llevaba, pero cual fue mi sorpresa al ver que ni se inmutó ante el ofrecimiento. Sólo me quedaba acercarme a la piedra e intentar descubrir algo que la hiciera reaccionar. Así lo hice pero busqué y busqué y no vi nada excepcional en la misma, intenté moverla pero era demasiado grande para mis fuerzas. Me acordé de que tenía una palanca en casa, miré a la mujer y le dije que no se moviera que enseguida volvía y me puse en camino a por la herramienta.

Cuando entré en mi dulce morada vi que toda la gente se había venido aquí, lo entendí perfectamente puesto que ellos se habían quedado sin casa. Cogí la palanca y me fui, no sin antes decirles que se podían quedar pero que, por favor, no toquetearan y mucho menos cotillearan nada. Cuando regresé a la orilla del mar la chica había desaparecido, pero yo me dispuse a intentar mover la piedra. Después de unos cuantos impulsos desplacé el mamotreto rocoso y, cual fue mi sorpresa al descubrir debajo de él un gran agujero del que empezaron a surgir montones de hormigas que rápidamente se encaramaban por mi cuerpo. Para intentar disuadirlas saqué el filete de choto y se lo puse a unos metros de mi, inmediatamente abandonaron su primer objetivo que era yo y se fueron a por la vianda. Saciada su ansia con el disfrute de la carne pararon y una de ellas se dirigió a mi agradecida en su nombre y en el de todas por tan preciado manjar, ofreciéndome la realización de cualquier cosa en pago a mi buena acción. Me explicó que esta era una entrada principal que comunicaba con todos los hormigueros del mundo y que algún energúmeno la había tapado con la piedra. Y que llevaban muchos días sin comer.

Le pregunté que si era demasiado pedirles la reconstrucción de un poblado y me dijo que no, que con su experiencia y con los millones de hormigas que podrían venir, en unas horas lo tendrían niquelado. Dicho y hecho, cada una con una bolita de barro yendo y viniendo por sus caminitos empezaron a dar altura a las casas. La gente estaba avisada y algunos hasta colocaron unas sillas para sentarse y contemplar el espectáculo. Me di cuenta que las estrellas no perdían ripio de la maniobra y que con el ritmo de trabajo de las hormigas se relajaban y algunas hasta pegaban cabezazos. Pedí a unas cuantas que no estaban haciendo nada que se pusieran en fila para dar vueltas formando espirales. La cosa dio resultado, como hipnotizadas por la coreografía de las hormigas las estrellas se iban apagando e iban cayendo una a una en un profundo sueño.

Acabaron la obra un poco fuera de plazo, como siempre pasa, pero no me importó porque todo volvía a estar ordenado. Les pedí un último favor, como están tan bien relacionadas a través de todas las redes mundiales que tienen, para que hubiera noticias les solicité que trasmitieran unas cuantas que tenía almacenadas y que las difundieran por ahí, a lo cual accedieron encantadas. Nos despedimos y me fui a dormir un poco.

Ante la fascinación que produjo este suceso y en recuerdo, aún hoy hay personas que cuando descubren un reguero de hormigas les hacen caminitos por donde ir y así rememoran.